Un espacio para pensar desde lo cultural y lo artístico

Santiago Off: La “insurgencia” de administrar pobreza y resistir la desilusión política

A quince años de su nacimiento, cuando surgió para articular una comunidad escénica que estaba “al margen de los espacios profesionales” , el Festival Santiago Off se ha convertido en un barómetro ineludible del estado del arte en Chile. En una conversación franca, sus directores —Claudio Fuentes, Carla Valles y Ana Silva— delinean un panorama donde la gestión cultural se ha transformado en un acto de resistencia frente a la precariedad estructural y una creciente desilusión política.

De la esperanza a la “degradación simbólica”

El diagnóstico político del equipo es agudo y carente de eufemismos. Lejos del optimismo inicial que despertó el gobierno de Boric y el Frente Amplio para todos los que trabajamos en cultura, hoy prima una mirada pragmática. “Mi vida ya no es ni pesimista ni optimista al respecto”, confiesa Claudio Fuentes, director del Festival, al analizar la falta de cambios estructurales en un país con una “administración demasiado moderada”.

Sin embargo, la mayor amenaza detectada no es solo administrativa, sino discursiva. Carla Valles alerta sobre lo que denomina la “degradación simbólica de la cultura”, impulsada sobre todo por el avance de discursos de odio y ultraderecha en Chile y el resto del mundo.

El peligro radica en el retorno de argumentos reduccionistas que obligan al sector a retroceder décadas en la discusión pública: “Volver, por ejemplo, a frases como: ‘si tengo que poner plata en un enfermo de cáncer o ir al teatro, apuesto por el enfermo de cáncer’”, indica Valles.

Esta batalla cultural se da en un escenario donde las autoridades económicas parecen desconectadas del sector. Fuentes critica la falta de transversalidad en el gabinete, imaginando el absurdo de un ministro de Hacienda que diga: “Soy ministro de Hacienda, pero no sé nada de cultura”, una brecha que dificulta negociaciones vitales como las exenciones tributarias o la defensa de presupuestos.

Carla Valles apunta a una cuestión clave al recordar que el arte no compite con las necesidades básicas, por el contrario, “acompañan esos procesos, dignifican la vida mientras vamos construyendo aquello. Y así se debería poder entender”.

La industria: Entre la profesionalización, la falta de diálogo y la administración de la pobreza.

Si bien el sector se ha profesionalizado en los últimos 15 años , la base sobre la que se sustenta sigue siendo frágil. La falta de comunicación estratégica en muchos proyectos artísticos no nace de la ignorancia, sino de la urgencia. Valles lo describe con una frase lapidaria: la estructura del financiamiento cultural es, muchas veces, “administrar pobreza” .

En este contexto de supervivencia, donde la prioridad es pagar sueldos y cubrir la técnica, tener un encargado de prensa o dedicar tiempo a la estrategia “ha sido un lujo” . Esta precariedad se traduce en una demanda que supera con creces la oferta: el festival apenas logra programar un 5% de las postulaciones que recibe, dejando fuera obras de calidad simplemente por falta de alcance económico.

“El aporte qué hacen las empresas culturales, las fundaciones, las corporaciones, la SPA, cualquier tipo de personalidad jurídica es un aporte privado, y ese mundo debería poder dialogar con el mundo estatal, como lo hacen los gremios de la uva para la exportación de vino, los supermercados para la inyección de recursos, como dialogan todos con el gobierno, porque es un trato de de empresas. Pero a la cultura siempre la tienen vista como algo dependiente del estado y esa mirada la tienen incluso los agentes que trabajan dentro. Eso es muy dañino”. Indica Fuentes.

Contra la “colonización cultural” y el eventismo

El equipo de Santiago Off marca una diferencia ética y operativa entre el trabajo territorial y la lógica de las productoras de eventos. Critican duramente el modelo de intervención que aterriza en las comunidades sin conocimiento previo, calificandolo de “colonización cultural”, pues suelen atropellar el trabajo que realizan las organizaciones de base comunitaria, como los mismos Puntos de Cultura, o las Organizaciones Culturales Colaboradores, que suelen trabajar con un fuerte arraigo en los territorios.

“Aparece el festival X… desarrollado por el Municipio y todo ese trabajo fino de audiencia, de valoración al arte termina siendo relegado”, explica Fuentes. Esta lógica, que prioriza el impacto mediático y reduce el quehacer cultural a la mera entretención y espectáculos, termina siendo “súper peligroso” porque se intervienen territorios sin conocimiento y se aleja a los públicos.

“Tiene que haber siempre una comunicación en los territorios con los agentes culturales territoriales, con los artistas locales, con las organizaciones de base que están dentro del ecosistema en el que uno está participando activamente”, agrega Claudio.

2026: La “insurgencia” de volver al malón

Para su edición 2026, el concepto que cruza al festival es la “insurgencia” . No entendida desde la violencia, sino desde la capacidad de mantener un rol opositor en el buen sentido: cuestionar el estado de las cosas y proponer cambios de paradigmas.

“(…) insurgente, no significa ser violento. Muchos conceptos como éstos: resistencia, insurgencia, revisión, memoria, se toman inmediatamente con un Banksy tirando la piedra. Pero no, se trata de valorar los conceptos desde su expresión básica.” dice Claudio.

La receta para sobrevivir a la saturación de información y la falta de recursos es volver a lo básico, a la comunidad. “No compitas, haz compitas“, cita Fernando Costa sobre la filosofía del equipo de Agencia Merca, haciendo un llamado a desconectarse de la saturación digital y volver al encuentro presencial, al “malón”.

Ana Silva refuerza esa idea diciendo que el artista debe “abrirse a un sistema político y dialogar como sistema político y no solamente como el contenido artístico que está promoviendo o postulando. La cuestión es mucho más fuerte, es un tema muchísimo más profundo que no tiene que ver solamente con salvarme a mí y salvar a mi equipo”.

Al final del día, ¿cómo se sostiene un proyecto de esta envergadura durante 15 años sin fines de lucro comercial? La respuesta de Fuentes es visceral: “Un proyecto así se mantiene en base a fe” . Son, en palabras de Ana Silva, “unos evangélicos del arte político” , impulsados por una vocación pública que trasciende el beneficio individual para convertirse en un bien común necesario.

Nota del autor: la nota es corta y acotada, quedan muchas ideas fuera. Si quieres profundizar en el tema, te recomiendo ver el programa completo en YouTube o leer la entrevista acá

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