En el capítulo 8 de Ministerio Imaginario, Fernando Costa (FC) conversó con los directores y gestores del festival, Carla Valles (CV), Ana Silva (AS) y Claudio Fuentes (CF), para desentrañar los desafíos de la profesionalización, la tensión política actual y la programación que define su edición número 15, titulada: Insurgencias.
En este artículo te contamos un resumen de lo más destacado de la conversación, pero si quieres saber más, acá te entregamos la entrevista completa:
FC: El Festival Santiago Off nace en función de articular una comunidad de las artes escénicas que estaba un poco al margen del mainstream de ese momento. ¿Cómo lo viven ustedes? ¿Cómo comparten esta reflexión de que para hacer gestión cultural es necesario saber de comunicación estratégica?
CV: Sí, claramente, la comunicación es súper importante. Cuando dices que fue una necesidad de encontrar un espacio, no era solo no estar en el mainstream, era que realmente el circuito que se reconocía como algo profesional era muy pequeñito y muy hermético. Entonces fue una necesidad el tener un espacio para poder existir. Creo que eso es bien representativo de cómo el camino de los trabajadores y las trabajadoras de la cultura en Chile se ha ido profesionalizando. Creo que este tema de la comunicación también pasa por ahí.
La falta de comunicación estratégica no tiene que ver necesariamente con solo no saber lo importante que es, sino que hay un problema estructural, que muchas veces, efectivamente, no está el rol del comunicador, porque la estructura es de administrar pobreza, entonces estás siempre sobreviviendo. Ha sido un lujo poder dedicarse a la comunicación o poder tener en tu equipo alguien que haga comunicaciones y poder dedicarles ese tiempo.
FC: Nos hemos dado cuenta de cómo las acciones que el marketing o que la comunicación entiende como acciones de marketing tipo BTL… finalmente son las mismas acciones que un centro cultural hace para poder llamar la atención del vecindario donde está ubicado. ¿Cómo trabajamos en un territorio?
AS: Yo creo que hay algo clave que uno va aprendiendo con la experiencia: de que cada espacio, cada compañía y cada contenido artístico es un mundo completamente distinto. De repente uno arma estrategias comunicacionales, de difusión, y uno lo pone todo dentro de un mismo protocolo. Pero mientras ese protocolo se empiece a desmenuzar lo más posible a nivel de detalle, ahí está la creatividad.
No es tan simple como anotar el ChatGPT y decir “¿ya, cómo hago una estrategia acá?”, sino que es algo mucho más humano, es vivo de conversación, de saber realmente qué pasa, de investigar en este teatro, qué público va a este teatro o sigue a tal compañía. Yo creo que la estrategia es como la observación en detalle, el detalle más mínimo que se pueda descubrir.
FC: ¿Cómo se relaciona el trabajo que hacen con la Red Off en el Festival?
CF: La Red Off fue un proyecto súper importante, sobre todo para el trabajo comunitario, algo que veníamos desarrollando desde la génesis de la organización. Y desde allí hay una necesidad por trabajar con comunidades, sobre todo con comunidades que estaban alejadas del centro, en las periferias, trabajar con comunidades que muchas veces no tenían acceso a contenido artístico
Pero trabajar con la comunidad implica varios desafíos. Por ejemplo, la Red Off respondía a trabajar con diferentes comunas, pero también el arte en sí tiene componentes políticos importantes y nuestra organización igual. Pero, lo que sucede con esas ideas de trabajo territorial, creativo y comunitario, es que muchas veces está supeditado a la política de turno, y eso finalmente termina estropeando todo.
Por ejemplo, hay un trabajo muy importante que hacen las organizaciones culturales, con su propia gente, levantando información, llevando contenido, arriesgando contenido. Y de pronto aparece el festival X, desarrollado por el Municipio y todo ese trabajo fino de audiencia, de valoración al arte termina siendo relegado.
Tiene que haber siempre una comunicación en los territorios con los agentes culturales territoriales, con los artistas locales, con las organizaciones de base que están dentro del ecosistema en el que uno está participando activamente.
En ese sentido, es bien complejo, porque (la comunicación) tiene que partir con los mismos agentes que estamos impulsando y no solamente como intervenir una comunidad, porque hay algo que se torna súper peligroso cuando se interviene sin conocimiento y se llevan contenidos que quizás no tienen nada que ver: finalmente, terminan alejando a los públicos más que acercándolos. O se transforma en una conquista de cierto espacio, como una colonización cultural, más que en una apertura o en un diálogo que realmente tome en cuenta las necesidades de las comunidades.
Entonces hay que tener mucho cuidado, y lamentablemente esos proyectos que tenían que ver con el desarrollo comunitario terminaron hace tiempo, el foco ya no estaba puesto, desde las políticas públicas, en el trabajo de las organizaciones culturales con los territorios. En este gobierno se intentó generar Puntos de Cultura, los que pasaron a tomar ese rol que tenía que ver con la manifestación cultural dentro de las mismas comunidades según su necesidad, pero no sé hasta qué punto habrá funcionado, no sé si logra realmente instalarse como una política pública y no solamente como un programa.
Debiera haber un diálogo transversal entre la política pública, las comisiones de cultura de las diferentes cámaras, las organizaciones culturales colaboradoras, los gremios, que permita poder generar conclusiones mucho más coherentes a las necesidades comunitarias. Porque si no, se transforma como en una conquista de cierto espacio, como una colonización cultural, más que en una apertura o en un diálogo que realmente toma en cuenta las necesidades de las comunidades.
FC: Bueno, respecto de los Puntos de Cultura, nosotros en Agencia Merca lo conocimos de cerca, nos tocó trabajar con ellos en la Región de Los Ríos. Creemos que es una súper buena iniciativa, pero le falta mucho tiempo, tiene que madurar un montón todavía, justamente, para poder transformarse en una política pública y dejar de ser un programa.
Eso me lleva a preguntarles ¿Qué es lo que va a pasar ahora? Porque tendremos un gobierno que tiene una visión súper distinta, mucho más utilitarista, mucho más accesoria de la cultura. Somos la quinta prioridad de todo en este minuto. Entonces, ¿Cómo, cómo defendemos esos avances?
CF: No sé. Mi vida ya no es ni pesimista ni optimista al respecto. Creo que Chile es un país que, políticamente, tiene una administración demasiado moderada y eso dudo que vaya cambiando. Me asusta el síntoma que la ultraderecha está tomando a nivel iberoamericano, estos discursos con un poco de odio, de xenofobia. Me asustan mucho más que la utilización de la fuerza.
Sí creo que se pueden perder grandes avances en términos de programas, justamente, porque no hay ley ni proyectos de ley respecto a alguna iniciativa, o que protejan por ley ciertas acciones culturales. Por ejemplo, en el caso nuestro de las Organizaciones Culturales Colaboradoras, hay una glosa y hay un proyecto de ley que dice esto es para organizaciones culturales colaboradoras. Ahora con el criterio que venga a jugar este gobierno, puede decir hoy “todas estas organizaciones se van y van a aparecer otras nuevas”, podría pasar.
Igual estoy caricaturizando el ejemplo, porque no sé si es que eso va a ser tan permisible por parte de las mismas organizaciones culturales, de las cámaras, de los mismos trabajadores culturales que están insertados dentro del ministerio. Entonces yo creo que las chances de movimientos, como esta propaganda del terror que se hizo de que van a sacar ministerio al estilo Milei, Trump o Bolsonaro, en Chile no es muy factible de hacer, porque hay mucha injerencia de los partidos políticos.
Este país tiene una oligarquía política que es evidente. Ya lo venía diciendo Jorge González desde los años ochenta: Hay una misma familia política ahí que hace el show televisivo, de comunicar, hace la comunicación efectiva de que son enemigos, pero que el fin de semana están en el mismo rancho. Son cuatro años, con un año ya pre-definido.
Sí me asusta el síntoma que la ultraderecha está tomando como a nivel iberoamericano, a nivel mundial, que estos discursos con un poco de odio, de xenofobia e intolerancia, de mucha violencia. Creo que esos discursos me asustan mucho más que la utilización de la fuerza porque además somos un país que viene con un pasado muy violento, donde todavía no hay reparación, aún se está exigiendo justicia, aún estamos tratando de ser un país que no permita el negacionismo, pero se mantiene. Creo que es por ese lado, como por el lado político de salvar a los malos, de sacar de la cárcel a gente que está sentenciada por violaciones a los derechos humanos. Eso podría ser más factible, porque la rencilla política en términos culturales, tiene una fuerza colectiva que no va a permitir mucho el cambio, creo yo. Porque hay argumento y Estado.
Finalmente esta neutralidad la venían realizando desde que la alegría ya viene y hasta el día de hoy. O sea, entramos con un gobierno súper esperanzador, que iba a cambiar la constitución de Pinochet, pero ahora le está entregando la banda presidencial a la ultraderecha. Ahí, ese análisis político es interesante. ¿Qué se hace ahí? ¿Por qué sucedió? ¿Dónde nos perdimos como sociedad?
Más allá de los avances, en términos culturales se cometieron grandes errores, como seguir con esta lógica de la cultura eventista, del no compromiso real con las comunidades, de la invasión cultural en mucho aspecto. ¿Por qué esos grandes programas, donde se inyectaron millones y millones de recursos, no se trabajaron directamente con las organizaciones culturales colaboradoras?
Se trabaja con productoras a cargo de generar la mediación entre el estado y la comunidad. Y eso se vuelve peligroso, porque hay un intervencionismo de cómo empezar a operar los fondos desde dentro, con la idea de que vamos a traer a tal artista, por ejemplo Daddy Yankee. No tengo nada en su contra, pero si se piensa que eso es lo que necesitamos hoy como sociedad y lo puede traer una productora equis al Estadio Nacional, entonces por qué tendríamos que llevarlo a una necesidad de Estado. Ahí es donde se empiezan a confundir las cosas.
CV: Yo concuerdo con Claudio en que, a nivel estructural, es menos miedo del que pareciera, porque también sabemos que hay una serie de procesos y de tiempos, por lo que desarmar todo estructuralmente no es tan sencillo como se puede vociferar. Pero a mí me asustan mucho a nivel de discurso. Lo que más me pone alerta es la degradación simbólica de la cultura que traen estos discursos.
Me parece que volver, por ejemplo, a frases como “si tengo que poner plata en un enfermo de cáncer o ir al teatro, apuesto por el enfermo de cáncer”, es una reducción enorme que ya habíamos superado. Como gremios, tener que volver a defender el valor intrínseco que tiene la cultura, su complejidad, cómo aporta al mundo sensible, a la historia colectiva, a la identidad, a la educación emocional, a la salud mental, al desarrollo del ser humano. También a que los discursos de odio no se instalen, que la violencia baje. Es un elemento civilizatorio básico, como el valor de la ética, de la estética, el valor de la belleza, del encuentro, el valor político y educacional que tiene.
O sea, volver a tener que tener, desde el principio, todas esas discusiones, tener nuevamente que defenderse y explicar por qué hacer arte tiene un valor en el mundo y no es que estás compitiendo con una calle donde falta un poste de luz.
Degradar ese capital simbólico, me parece que es nuestra amenaza más próxima.
FC: O sea, que se entienda que con un poste de luz el arte se va a hacer igual.
CV: Es una expresión intrínseca del ser humano también y tiene que ver con cultivar otra área de la vida. Por supuesto que la sobrevivencia es tremendamente importante, y las necesidades básicas es donde hay que volver a poner atención también, no podemos obviar las necesidades básicas. Pero el arte no está compitiendo con eso.
El arte y la cultura no compiten con eso. Acompañan ese proceso, dignifican la vida mientras vamos construyendo aquello. Y así se debería poder entender.
FC: Hablando justamente del arte, ¿qué es lo que tenemos para Santiago off 2026? ¿La insurgencia, eso nació antes o después de las elecciones, como eslogan para este año?
CF: Antes de la elección la bajada era antifascista. Pero, la insurgencia, es algo que no se tiene que perder, nosotros incluso durante el gobierno de Boric, de Piñera y de Bachelet, que siempre trabajamos las miradas sociales, comunitarias de resistencia. El arte nunca salió de esa trinchera, nunca ha logrado todos los propósitos que necesita, o sea sobre todo en términos de financiamiento, de accesibilidad. Y lo mismo que dice Carla, donde uno se encuentra con personas que dicen “hola, soy del Ministerio de Cultura, pero no tengo nada que ver con cultura”, debería dar vergüenza un discurso así. O como “hola soy ministro de hacienda, pero no sé nada de cultura”.
En vez de estar haciéndoles una prueba a ver si fumaron o no marihuana, deberían tomar pruebas de suficiencia académica. Esta persona que va a ocupar un rol público ¿tiene conocimientos transversales, sobre todo en áreas que son delicadas para una sociedad como cultura, salud, vivienda, educación? Eso generaría un estado donde no se vuelva retórico, que vas al ministerio de economía y no tienen idea de cultura, vas al ministerio de hacienda y te tienes que pelear porque gravaron el impuesto a los servicios, una polémica donde los gremios tuvimos que salir a defender que las acciones culturales deberían estar exentas.
Y eso que es una exención bien extraña, porque la tiquetera no paga IVA, pero después para cobrar tienes que emitir una factura afecta o con un pago de PPM, para después pagarle a la compañía, que tiene que emitir una boleta. Entonces ¿dónde está la exención real de impuestos frente a esos mecanismos de traspasos de dinero? Al final, las organizaciones y compañías terminan siendo puentes para poder generar esta empleabilidad a sus trabajadores ¿Cómo lograr, por ejemplo, que una sociedad sí tenga esta, esta mirada frente, frente a la cultura?
La única manera de hacerlo es seguir resistiendo y seguir poniendo sobre la mesa el tema incómodo: de decir mira hay avances y eso es innegable, pero también han habido proliferación de escuelas de teatro, hay una población cesante importante, hay pocos centros culturales para la gran eh demanda que tienen.
En nuestro mismo festival, podemos programar yo creo que un 5% de postulación y quedan muchas buenas obras, fuera porque no tenemos el alcance económico para poder generar empleabilidad, ojalá no precaria, para poder dar más cupos, más plataformas de visibilización a esa compañía. Tratamos de apoyar lo más posible en todas nuestras líneas: la internacionalización, la circulación, la difusión de las obras, prestamos espacios para la creación, para residencias, aportamos económicamente cuando es posible a alguna compañía que lo necesite porque perdió los fondos con 98 puntos por ejemplo.
No queda otra que ir a la insurgencia. Es la única manera como volver a valorar la rebeldía, a decir lo incómodo, a decir oye esto no está tan bien. El problema estuvo que durante el gobierno que está terminando, decir algo era inmediatamente ser catalogado como de facho, decir algo en contra no se veía como una mirada crítica respecto a un gobierno que, finalmente, tiene el rol de representar las necesidades del pueblo. Acá lo que se hacía era como, “ah no, si te vas en contra del gobierno eres, eres facho”.
Se generaron como oposiciones muy desgastantes porque los gremios se silenciaron, la mayoría de los gremios en términos culturales se silenciaron, se silenciaron las organizaciones culturales por lo mismo, para no meter bulla. Ya eran muchos los problemas que venían trayendo en otro ámbito, como para que la cultura se volviera en contra. Pero luego, para la elección de alcaldes la participación de artistas fue muy baja y se perdieron grandes municipios que estaban en el lado más “socialista” de las cosas. Y luego de que se perdieron todos esos escaños, llega a la ultraderecha.
Ahora, tampoco el arte tampoco fue súper participante en la campaña de Jara como sí lo fue para la campaña de Boric. No hubo tal compromiso como se había visto anteriormente, porque claro, la campaña anterior traía con ella el cambio constitucional, un nuevo sistema político y eso no pasó. Basta ver el caso de la ley que finalmente deja absuelto a Claudio Crespo y te das cuenta de que, wow.
Uno está más viejo, vas perdiendo la credibilidad en los representantes políticos y eso es súper fome, porque desde el mundo de la cultura teníamos mucha fe. En un minuto pensamos que era el gobierno que iba a hacer florecer la cultura. Y de que han pasado cosas buenas, sí, el sueldo mínimo, las cuarenta horas, etcétera. Pero en términos culturales todavía no tenemos una base sólida donde se pueda dialogar, negociar de mejor manera con los gobiernos.
El aporte qué hacen las empresas culturales, las fundaciones, las corporaciones, la SPA, cualquier tipo de personalidad jurídica es un aporte privado, y ese mundo debería poder dialogar con el mundo estatal, como lo hacen los gremios de la uva para la exportación de vino, los supermercados para la inyección de recursos, como dialogan todos con el gobierno, porque es un trato de de empresas. Pero la cultura siempre la tienen vista como algo dependiente del estado y esa mirada la tienen incluso los agentes que trabajan dentro. Eso es muy dañino.
Y por eso, para terminar, mantener la resistencia, la insurgencia, seguir siendo insurgente, no significa ser violento. Muchos conceptos como éstos: resistencia, insurgencia, revisión, memoria, se toman inmediatamente con un Banksy tirando la piedra. Pero no, se trata de valorar los conceptos desde su expresión básica.
AS: Quería también aportar de que como en el sector artístico también hay una desilusión muy grande. Todo esto que pasó con este gobierno hizo que nos desilusionáramos, no solo nosotros, sino como el sector en general, porque es como que si no pasó nada concreto en este gobierno, en el próximo gobierno menos.
Por eso, también se está creando un diálogo súper fuerte, que aún no es tan concreto y tan efectivo como para lograr realmente provocar cambios, pero nuestra organización y muchas otras organizaciones culturales civiles hacen ese llamado al diálogo, a la colectividad, al unirse, al dialogar entre nosotros y llegar a un acuerdo para ver concretamente cómo exigimos, cómo decimos lo que necesitamos. Personalmente, creo que ese es el lugar.
Es la esperanza que tenemos para dejar de pelear o de discutir por los beneficios individuales de mi sector en particular, mi fundación o mi compañía, sino realmente el artista abrirse a un sistema político y dialogar como sistema político y no dialogar solamente como el contenido artístico que yo estoy promoviendo o postulando, que no es todo. La cuestión es mucho más fuerte, es un tema muchísimo más profundo que no tiene que ver solamente con salvarme a mí y salvar a mi equipo.
FC: Hay una frase hay una frase que dice mucho el ale que es no compitas haz compitas, y es la manera de hacer comunidad, porque es la forma que tenemos de resistir, sobre todo hoy día que está todo tan híper conectado y estamos sobresaturados de información. Es absurda la cantidad de contenido que existe circulando y que se genera cada rato, entonces si no volvemos como a los nichos se torna super difícil.

¿Cómo se viene ahora el festival este año? ¿Cuál es el tono de la programación? ¿Cuáles son las obras más destacadas?
CF: Toda la cartera responde hacia un relato que nosotros tratamos de hacer como desde nuestra base artística también. Todas las personas que trabajamos en el festival, en la fundación, somos personas que venimos del mundo de la arte, de la dirección, de la dramaturgia, de la producción y la gestión también.
Entonces todas, las cincuenta compañías que están hoy día programadas, responden también a un relato que quiere valorar los los nuevos lenguajes, hacerlos dialogar con lenguajes más antiguos, por ejemplo, hay revisión de dos obras que se estrenaron hace mucho tiempo atrás como El Taller, de la compañía de la Pieza Oscura o H.P. de Lucho Barrales, que vuelve 16 años después. Obras clave de estos últimos 15 años.
También tenemos otras que son más nuevas, compañías que son súper jóvenes, como la compañía Implicancia Teatro, con “Delirio”, que va a estar en el teatro Camilo Henríquez. Hay una obra de Manuel Morgado también con dramaturgia de Carla Zúñiga, que también son grandes exponentes del teatro contemporáneo.
En música tenemos a Chinoy, que vuelve después de una década a Santiago Off, ya con una carrera mucho más consolidada. Hay riesgos importantes que asumimos, como grandes escenarios que los están tomando representantes regionales como Ginny Jopler en la música, que es una alta cumbia para bailar en la fiesta de finalización, y DJ Fuego que nace de la popularidad que tuvo “Denominación de Origen” en la película. No sé si la vieron. Increíble la película.
Tienen que verla, porque que grafica muy bien cómo de repente las buenas intenciones terminan siendo aplastadas por las mismas comunidades que la necesitan o demandan. Es súper interesante desde donde lo abordan y el personaje de DJ Fuego es genial.
Tenemos esas esas dualidades, con obras que fueron muy importantes en la escena hace 15 o 16 años atrás y otras contemporáneas que están usando nuevos lenguajes, como PA$$$TA(YO)BA$$$E!!!!, de Teatro del Amor, que ya tiene todas las entradas agotadas, ha sido un fenómeno. Estuvo con nosotros en el Barcelona OFF hace poco y es una obra importante de ver, porque hace una radiografía crítica de este personaje inmerso en la pasta base con un diálogo directo con Jesús. Tiene algo tan épico, pero a la vez tan real, tan surrealista, tan criollo.
Por otra parte, tenemos invitados internacionales de alto nivel: en la estación Mapocho estamos con un ciclo de danza contemporánea que lo está liderando Marina Otero, que es una representante de la danza, la performance y el teatro increíble, muy conocida en Argentina y en Europa. Primera vez que viene a Chile.
También tenemos una obra que estuvo hace poco en la Bienal de Lyon, que se llama Repertorio Número 3, que son grandes discursividades sobre la danza tribal y la cultura pop. Tendría que ir día por día para ver qué es lo mejor del día, pero no sé si llamarlo “lo mejor”, creo que me la jugaría porque es una cartelera que tiene un pensamiento muy importante.
Como te decía hace un rato, es muy difícil programar todo lo que queremos. Entonces son muy poquitos los cupos de programación que tenemos, entonces está elegida con pinzas. Nos quedaron muchísimas obras buenas fuera, que lamentablemente no teníamos cómo programarla, ni por tiempo, ni por recursos económicos, ni por toda la cadena que involucra.
Y en la inauguración, que es gratuita, que volvemos al frontis de la estación Mapocho, 15 años después volvemos a ese mismo espacio, que es ciudadano, donde la gente va pasando y se queda a ver lo que está sucediendo. Este festival, que va a durar diez días, tendrá mucha actividad en cada espacio, con teatro, danza, performance, en una curatoría tratando de hacer dialogar y generar comunidad artística.
Ahí es donde también se encierra la insurgencia, siempre tener un rol opositor desde el buen sentido de la palabra, desde el opositor que quiere proponer un cambio en los paradigmas. Esa oposición que finalmente te dice, mira, el estado de las cosas está de esta manera y necesitamos avanzar, como avanzar hacia una política mucho más robusta con menos precariedad, etcétera.
FC: Y ahí estoy mostrando el sitio web SantiagoOff.com, me imagino está toda la información… ¿Hay otras obras que son de acceso gratuito?
AS: Sí, y también va a haber mucha regalía de entradas. Hay mucho concurso.
FC: Excelente. Hay que seguir a Santiago Off entonces en Instagram eso es @fundacionsantiagooff.
CF:Está la Escuela Off también, está abierta la convocatoria para algunas cosas, para otras ya se cerraron, pero si te vas ahí mismo en la página, hay una pestaña que dice escuela off, y ahí están todos los talleres, seminarios, exposiciones, está súper bonito.
FC: Un trabajo impresionante como siempre, muy potente, lo que se viene a partir de este jueves, en distintas salas de teatro y distintos espacios culturales en Santiago Festival Santiago Off, versión número 15. ¿Cómo se sostiene un proyecto durante 15 años? Estamos claros de que no es un festival comercial. Aquí no, nadie se está haciendo rico vendiendo entradas.
Un proyecto así se mantiene en base a la fe, como se mantiene el arte no más. Como te decía, más allá de los modelos de producción que uno puede pensar desde afuera cuando te comparan con otros festivales. Se mantiene con la fe, postulando a todo, perdiendo mucho, ganando algunos, tratando de mantener ciertas asociatividades, que algunas veces son sostenibles y otras no. Van cambiando los criterios y las políticas.
Es un año a año, un morir y resucitar todos los años (…) finalmente el Festival nos trasciende, porque es algo necesario e importante para el desarrollo cultural hoy día. Entonces hacerse responsable de eso, sacarlo adelante, incluso en el diálogo con las autoridades, hacerles entender que es importante, que necesita recursos, apoyo y que los mecanismos todavía si bien han crecido, siguen siendo insuficientes. Pero creemos que mientras más podamos instalar el Festival como algo necesario, las cosas van a tener en algún minuto un tiempo de cosecha.
Creo que estos 15 años también son son súper fundamentales, porque es momento de revisar cuál es la mirada de cambio, cuál es el avance que esto tiene en términos de poética, de política, de sentido estético, de definir hacia qué comunidades vamos: a la artística, a la audiencia, a la comunidad política ¿o vamos hacia las tres en pequeñas porciones?
Ahí es donde uno va buscando esta esta esta esta identidad que te mantiene vivo, como la vida misma. Y con la convicción de que es necesario otorgar ese granito de arena para que con los años la gente diga ” mira el Santiago Off abrió este camino” y eso es finalmente la gran recompensa.
CV: Quiero apoyar la idea de que, mirándolo con distancia, esto no es algo de lo que hayamos sido conscientes desde un principio, o que haya sido tan intencional. Pero si algo de lo que dice Claudio es muy importante: el sentido del festival es súper fuerte.
Sin habernoslo propuesto, como equipo nunca hemos sentido que es nuestro proyecto, como mi obra de arte, mi festival, mi evento. Siempre nos hemos sentido responsables de algo. Por ejemplo, nunca he sentido que yo pueda decidir si este año el festival no se hace. Tenemos una responsabilidad frente a una iniciativa que es, justamente, más grande que nosotros, por eso siempre hemos dicho que tenemos mucha vocación pública, porque es como un bien común que debemos sostener. Siempre nos paramos a gestionar el festival desde ahí. Entonces, no está sobre la mesa, la opción de no continuar, y eso ha surgido muy naturalmente, no fue algo autoimpuesto.
Cuando haces un proyecto con un sentido que de verdad es trascendental para ti y luego lo miras fuera de tus necesidades y de tus intereses, eso te permite trabajar desde otro lugar y encontrar las maneras de continuar más allá, independientemente de si es rentable o si se está haciendo más o menos famoso. La valoración del proyecto empieza a pasar por otra parte.
AS: También somos una comunidad, somos una comunidad off que, más allá de que seamos como cinco personas que organizamos y gestamos todo el año, en el momento del Festival, somos un equipo grande donde todos tenemos la misma convicción y eso también hace que esto se siga sosteniendo.
Si alguien del equipo no llega con esa misma convicción, no puede, porque es mucha pega, o no es tanta plata. Esto tiene que ver con otra cosa y nosotros siempre lo decimos: esto no solamente es una pega del verano. De verdad, si quieres tener una pega el verano para juntar plata, hay otros lugares. Éste tiene que ver con otro tipo de cualidades, como hacer comunidad, conocerse, armar redes, crear un discurso.
De repente uno piensa muchas cosas y no sabe cómo expresarlas, pero al encontrarte con los compañeros, las compañeras te vas creando un propio discurso para después tú salir durante el año con tus propios trabajos artísticos a dar ese mismo discurso. Entonces sí somos una red, igual somos una Red Off, seguimos siendo una red porque evidentemente lo hacemos, y traemos gente nueva, somos como unos evangélicos del arte político.
FC: Pero son súper necesarios. Yo creo que son súper necesarios los que se den esos espacios porque si no quedamos sumergidos en torno de debajo de estos proyectos gigantescos, del eventismo y de la homogeneización cultural que viene de los grandes medios.


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