Mauricio Redolés abrió una polémica interesante con sus cartas a la SCD por las negativas a tenerlo sobre el escenario de la Feria Pulsar en el marco de sus 50 años de carrera. Pero más fuerte fue la respuesta que recibió de parte de Rodrigo Osorio, quien se vistió de amarillo para dedicar palabras de buena crianza, que no dicen nada, pero permiten entender mucho sobre cómo funciona una institución donde todo pareciera ser político y nada artístico.
Tal vez sin darse cuenta, su reclamo y cuestionamiento terminaron convirtiéndose en una acción de marketing, haciendo de su breve performance en el stand de Beta Pictoris, uno de los hitos más relevantes de una Feria que cada año es más intrascendente. Basta con hacer una búsqueda en Google para darse cuenta que ningún medio especializado publicó alguna cobertura, galería fotográfica o resumen del evento con una profundidad mayor a la de un reel de 60 segundos.
Cuando vi el intercambio de palabras entre ambos músicos me surgió la pregunta: ¿Por qué no hizo esto mismo para subirse a escenarios como Lollapalooza, REC, Fluvial, Rockódromo o algún otro festival de relevancia en Chile? ¿Por qué evidenciar específicamente a una instancia que, en su breve historia, no se ha caracterizado por celebrar cincuentenarios. No lo hicieron con los Jaivas el 2013, ni con Quilapayún el 2015 ni con Congreso el 2019, por mencionar algunos.
La respuesta tiene dos partes. Primero, que su organizador, la SCD, se pone la chapa de ser defensor de la música chilena, premisa que hace natural pedirles mayor transparencia y compromiso, junto a una comunicación asertiva y respetuosa, sobre todo con artistas de la talla, trayectoria e historia de vida que tiene Mauricio Redolés.
La segunda, Mauricio arrendó un stand como cualquier otro sello, empresa u organización vinculada a la industria musical chilena. Todos quienes hemos participado en alguna feria similar sabemos que los stands deben llamar la atención para captar a los transeúntes, así como también las limitaciones que existen para montar showcases o espectáculos en ellos.
Entonces, la jugada de publicar una carta abierta argumentando poca transparencia en los criterios con que le negaron la posibilidad celebrar sus 50 años de carrera era un viral asegurado. La fanaticada revolucionaria del cantor y poeta replicó el mensaje levantando dedos acusadores hacia Don Rorro y la SCD, obligándolo a pisar el palito y entrar en el diálogo.
Si bien la queja levantada no le permitió a Mauricio Redolés presentar su show de 50 años de carrera sobre el escenario principal de la Feria, sí tuvo un efecto importante en cuanto a la difusión y posicionamiento. Esto gracias a que Medios como El Ciudadano o La Voz de los Que Sobran, hicieron especial cobertura de este hecho.
Mauricio no se presentó desde la incomodidad de su stand porque alguien lo obligó, nadie le puso una pistola en la cabeza (como si lo deben haber hecho cuando fue preso político en Valparaíso). Bien podría haber optado por no cantar en esas condiciones y nadie hubiera cuestionado su decisión.
Pero fiel a su historia de resiliencia, hizo de su performance musical un acto de protesta y resistencia cultural que comenzó con la primera carta abierta, continuó con la foto enmascarado junto al aludido Rodrigo Osorio y terminó con los descargos publicados tras la Feria, donde hace un emplazamiento directo a la SCD para que transparenten sus procesos curatoriales.
El resultado: todos supimos que Redolés estuvo ahí y su participación terminó siendo más relevante que la de varios shows que pasaron por los escenarios principales. El cincuentenario del artista se hizo sentir en Pulsar 2025 como un acto de resistencia cultural que trascendió el evento mismo y consolidó su vigencia como un agente cultural relevante en el país.
Quizás el artista me diga que nunca fue su intención hacer de su carta una promoción de su stand. Y yo no soy quién para contradecirlo. Pero desde mi vereda como periodista y asesor en estrategias para la industria musical, hago este análisis de lo que pasó pues así es como funciona el marketing, en este caso marketing cultural y comunitario: cuando una marca cultural sabe apelar a su comunidad, ésta responde con consistencia y contundencia, aunque sea involuntario.


Deja una respuesta